Cuando una pyme se toma en serio el correo (y especialmente después de configurar DMARC), aparece una pregunta muy humana: “¿Cómo hago para que mis emails se vean más fiables?”. En muchos casos, el detalle que cambia la percepción es el logo junto al remitente. Eso es, en parte, lo que busca BIMI.
BIMI es una forma de publicar en tu dominio dónde está tu logo “oficial” para correo. No te voy a vender humo: no todos los proveedores lo muestran igual, y algunos ponen requisitos extra. Pero sí hay algo que casi siempre compensa: dejar la parte técnica bien montada, porque además te obliga a ordenar marca, DNS y seguridad.
Paso 1 (10–15 min): asegúrate de que DMARC está en marcha. BIMI no tiene sentido si tu dominio es fácil de suplantar. Como mínimo, revisa que tienes DMARC publicado y que no está “a ciegas”. Si lo tienes en p=none (monitorización), está bien para empezar; para que BIMI tenga más opciones de funcionar, normalmente conviene avanzar a quarantine o reject cuando estés seguro de tus emisores legítimos.
Paso 2 (20–30 min): prepara el logo en el formato correcto. Aquí es donde más tiempo se pierde por tonterías. BIMI suele requerir un logo en SVG (un formato vectorial), y no vale “cualquier SVG exportado”. Mi criterio: si no tienes a mano un diseñador, usa el logo más simple posible (sin degradados, sin efectos raros) y pídeselo a alguien que te lo deje limpio. Trade-off: un logo simple se ve menos “premium”, pero evita semanas de pruebas.
Paso 3 (15–20 min): publica el registro BIMI en DNS. Esto es un registro tipo TXT que apunta a la URL del logo. Lo importante no es memorizar la sintaxis, sino tener control sobre: (1) el dominio donde lo publicas, (2) que la URL del logo sea estable, y (3) que el servidor sirva ese archivo sin redirecciones extrañas. Si tu web cambia de estructura cada poco, es mejor alojar el SVG en un sitio estable.
Paso 4 (10–15 min): valida que “lo técnico” responde. Antes de obsesionarte con si Gmail/Outlook lo enseñan, comprueba lo básico: que el registro DNS existe, que la URL del SVG carga bien desde incógnito, y que tu DMARC no da señales de estar roto (por ejemplo, correos legítimos que empiezan a fallar). Aquí suelo usar validadores online, pero el objetivo es simple: confirmar que no hay un error tonto de DNS o de hosting.
Paso 5 (10–20 min): prueba con envíos reales y documenta. Manda un email a varias cuentas (Gmail, Outlook, Yahoo si puedes) y anota qué ocurre. Si el logo no aparece, no significa que esté mal: muchas veces es cuestión de políticas del proveedor o de requisitos adicionales. Lo que sí debes sacar de aquí es una checklist interna: “qué hemos publicado, dónde, y quién lo mantiene”.
Errores comunes (y cómo detectarlos): 1) SVG inválido o “demasiado creativo”. Lo detectas porque el validador falla o porque el archivo no se renderiza bien en navegador. 2) DNS publicado en el dominio equivocado (por ejemplo, lo pones en tu dominio web pero envías desde otro). Lo detectas porque, aunque todo “parece correcto”, nunca hay efecto. 3) DMARC aún sin política. Lo detectas porque sigues viendo intentos de suplantación en reportes y no estás aplicando cuarentena/rechazo.
Cómo medir si te compensa: no me quedo solo en “se ve bonito”. Mide (1) reducción de respuestas tipo “¿este email es vuestro?”, (2) mejora en aperturas o clics en comunicaciones importantes (facturas, avisos, propuestas), y (3) incidencias de suplantación reportadas por clientes. Si no cambia nada, quizá no es tu palanca principal.
Cuándo compensa delegar: si tu marca depende mucho del email (ventas B2B, soporte, facturación) y quieres hacerlo bien, compensa que alguien te lo deje cerrado: DMARC en reject, inventario de emisores, logo BIMI válido y un mantenimiento claro. El mayor riesgo aquí no es “no tener logo”: es tocar DNS sin control y romper entregabilidad.